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Pedimos a los ciudadanos un esfuerzo que permita sanear la economía". Parecen declaraciones recientes, sin embargo las pronunció en 1992 el entonces ministro de Economía Carlos Solchaga tras anunciar una subida del IVA del 13% al 15%. El aumento entró en vigor en agosto de ese año y en el tercer trimestre el consumo de los hogares, descontando el efecto de la inflación, descendió en tasa anual y trimestral por primera vez en diez años. Una situación que se mantuvo hasta 1994.
El objetivo de elevar el IVA pasaba por lograr algo más de 200.000 millones de pesetas (1.200 millones de euros) en ingresos adicionales para reducir el déficit público. Tampoco se logró. En 1993 la recaudación cayó casi un 10,9%, el primer descenso desde que se estableciera el impuesto en 1986. Desde entonces, sólo en 2008 y 2009, la recaudación descendió respecto al año anterior. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en 1993 desapareció el llamado tipo incrementado, que gravaba al 28% los automóviles, las joyas y las embarcaciones de recreo. Además, se estableció el llamado tipo superreducido para los productos de primera necesidad con un gravamen del 3% (actualmente es del 4%).
En cualquier caso, empresarios y políticos como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, temen que la subida del mayor impuesto indirecto -pasará del 16% al 18% en julio- tenga efectos parecidos a los registrados en 1992. Es decir, que lleve a las familias a rebajar su patrón de consumo y que no suponga un incremento de los ingresos fiscales. El Gobierno prevé recaudar algo más de 5.000 millones de euros adicionales durante el primer año de aplicación de la medida.
Sin embargo, existen diferencias entre la subida de 1992 y la que entrará en vigor este año. Solchaga subió los impuestos al principio de la crisis económica de mediados de los noventa. Y, el Gobierno actual, elevará el tributo en un momento en el que España, si se cumplen las previsiones, estará saliendo de la recesión.
Al entonces ministro Solchaga le acusaron de que las medidas fiscales que adoptó, lejos de sanear las finanzas públicas eran las causantes de llevar la economía a la recesión, entendida como dos trimestres consecutivos con tasas negativas del PIB. España, tras subir el IVA, alcanzó en 1993 un déficit del 7%, una cifra nunca vista en democracia hasta el año pasado, cuando los números rojos se elevaron hasta el 11,4% del PIB. La situación actual es distinta. El Gobierno ha destinado ingentes recursos públicos a hacer frente a la recesión y el aumento del mayor impuesto indirecto se producirá, a priori, en los albores de la recuperación económica.
Así, el Gobierno confía en que el efecto sea parecido al registrado en las otras dos subidas del impuesto. En enero de 1992, el IVA pasó del 12% al 13% sin efectos destacables sobre el consumo. Y en enero de 1995 se elevó el tributo del 15% al 16% (nivel vigente) provocando un incremento de la recaudación por IVA del 5,9% y sin afectar al consumo de las familias. Sin embargo, el entonces ministro de Economía, Pedro Solbes, reconoció que la subida no había dado los resultados esperados, ya que se ingresó menos de lo previsto y se generó una inflación por encima de las estimaciones. En cualquier caso, la experiencia reciente muestra que siempre es preferible elevar el IVA en épocas de bonanza y desaconseja realizarlo en periodos de crisis e incertidumbre. Sobre los efectos de una bajada de tipos no existen referencias. El tipo general del IVA, desde que se implantó en 1986, nunca ha bajado.